LOS ORÍGENES DEL MOVIMIENTO ECOLOGISTA EN MURCIA
por Mariano Moreno Requena
No es extraño hoy en día encontrarnos en la prensa, la radio o la televisión murcianas con noticias relacionadas con el deterioro del medio ambiente en las que toman protagonismo personas que todos conocemos ya como “ecologistas”, esto es, unos personajes que dan la cara –para denunciarlas-- ante las tropelías continuas a que es sometida la naturaleza en cualquier parte de nuestra geografía regional. Y tampoco nos resulta novedoso ya la importante labor proteccionista que muchos docentes están realizando en colegios e institutos con niños y jóvenes, acercándoles al mundo natural de su entorno para conocerlo y, así, que aprendan a respetarlo.
Pero hace unas décadas –hablo de los años 70--, las noticias relacionadas con las denuncias sobre atropellos al medio ambiente en Murcia eran merecedoras de ser recortadas y archivadas como algo raro y novedoso. Casi nadie se daba cuenta de que nuestro entorno –ríos, montes, huerta, costa-- comenzaba a estar amenazado por urbanizaciones, industrias y otros elementos del progreso mal entendido y mal planificado.
En aquellas fechas, las primeras inquietudes organizadas en asociaciones ecologistas o de protección de la naturaleza alzaron su voz ante la opinión pública murciana para concienciarla de la necesidad de respetar y proteger espacios naturales de actuaciones irreflexivas y peligrosas con el medio ambiente. De esas primeras organizaciones proteccionistas murcianas quiero hablar en estas líneas para rendir homenaje a quienes fueron abriendo camino en este campo nunca valorado suficientemente.
El año 1973 fue el del nacimiento de la Asociación de Naturalistas del Sureste de España, ANSE, el grupo ecologista con mayor historia de la Región de Murcia pues hoy en día continúa siendo todo un referente en la tarea de crear una conciencia proteccionista en la sociedad murciana, en el estudio y la divulgación de la naturaleza y en el activismo medioambiental. Entre los nombres que pusieron en marcha esa asociación con ámbito de trabajo en las provincias de Murcia, Alicante y Almería, estaban expertos ornitólogos y naturalistas que formaban el GODSE (Grupo Ornitológico del Sureste) como José Damián Navarro Medina –cuyos estudios del paraje natural de El Hondo en Elche llevaron a su protección oficial definitiva hace unos años --, Juan Manuel Ibáñez –ejemplo de constancia y dedicación en el proteccionismo cartagenero--, Alejandro Romero Angles –pionero en la enseñanza del conocimiento y respeto a la naturaleza entre niños y jóvenes—, Pedro Talavera, Antonio Gómez Gersol y otros a los que no llegué a conocer en esta primera época de ANSE, que tuvo su sede primero en Murcia y luego en Cartagena.
Otra de las primeras asociaciones de defensa del medio natural en Murcia de la que recuerdo haber oído hablar fue el Grupo Ecologista del Mediterráneo ligado a Águilas y Lorca y a los nombres de Pedro Costa Morata, Pedro Baños, Paco Blázquez, Pedro Guerrero... Desde sus comienzos también en 1973 –aunque unos meses después que ANSE--, Costa Morata y su grupo fueron las primeras voces que se escucharon en relación a las agresiones que las costas del Mar Mediterráneo ya estaban recibiendo.
A mediados de la década de los 70, casi todos los jóvenes a los que nos gustaba la naturaleza seguíamos con interés inquebrantable los programas del mejor divulgador de la fauna silvestre que hemos tenido en España: nuestro amigo Félix Rodríguez de la Fuente. La Asociación para la Defensa de la Naturaleza, ADENA-WWF, le propuso a Félix la creación de grupos juveniles de “Linces” -–el felino más amenazado de extinción en el mundo-- dentro de la asociación. Y entonces, el 17 de abril de 1975, surgió el Club “Los Linces” de Murcia de ADENA Juvenil, fundamentalmente, gracias a dos jóvenes estudiantes del Instituto “Alfonso X el sabio” de Murcia: Joaquín P. Sánchez Onteniente y Manuel López Nicolás.
Los clubes de Linces estaban dirigidos por chicos menores de 17 años y contaban con un Consejo de Socios Adultos que sólo tenía voz, pero no voto, en las decisiones del grupo. Los Linces se dedicaron a organizar acampadas en espacios naturales de la región –Sierra Espuña, Calblanque, Moratalla, Revolcadores, etc.-- y, más adelante, también fuera de ella --para conocer de primera mano parajes míticos para los jóvenes amantes de la naturaleza como Cazorla, Doñana, Ordesa, Tablas de Daimiel, etc.--. Pero también celebraron reuniones para diseñar y publicar con escasos medios la revista “Águila Real” del Club, para realizar exposiciones, proyecciones de diapositivas y charlas naturalistas en los sucesivos locales de que dispusieron –una “cabaña” en el patio del Seminario Menor de Murcia, un “antro” de la calle Jabonerías milagrosamente reconvertido en club naturalista y, finalmente, dos cuartitos de la última planta de un viejo edificio frente al Teatro Romea--. Eran, cada fin de semana, los puntos de concurrencia para unos chicos y chicas de diez a quince años, la mayoría, que querían ver con sus prismáticos –el que los tenía, porque había ahorrado durante años para ello— o con los del otro, el águila calzada, el abejaruco, el quebrantahuesos, la urraca, el zorro o el carbonero garrapinos que le había mostrado Félix en el último capítulo de la Fauna Ibérica.
Recorrer a pie y acampar en sierras, ramblas, saladares, riachuelos y costas vírgenes de nuestra Región nos hizo conocer y disfrutar de zonas únicas. Y una vez que estuvieron amenazadas por urbanizaciones, roturaciones para cultivos, venenos, etc., nos vimos obligados a denunciarlo en medios de comunicación, a través de campañas informativas y de gestiones con responsables de la Administración. La movilización ecologista promovida por los Linces para la defensa de las Salinas de San Pedro del Pinatar, ante la oleada urbanizadora de principios de los 80, fue todo un ejemplo de compromiso de aquellos jóvenes con nuestro medio ambiente en peligro.
Y junto a esa actuación habría que recordar otras como obtener la cesión de una parte de la Casa Forestal de “El Sequén”, en el Parque Natural del Valle, donde el Club Los Linces desarrolló varios campamentos de naturaleza para jóvenes y otras actividades divulgativas; la divulgación de la protección de la naturaleza por centros escolares de la Región; la organización del I Simposio de Zonas Húmedas del Sureste; la publicación de la página semanal “Naturaleza viva” en el diario La Verdad; la participación activa en la Coordinadora Ecologista de la Región Murciana que afrontaba temas ambientales aunando las fuerzas de los diferentes grupos existentes entonces; las campañas contra los cebos envenenados; o la concesión del I Premio Príncipe de Asturias para Jóvenes Investigadores de la Naturaleza por un trabajo sobre la avifauna de la comarca de Lorca coordinado por Joaquín P. Sánchez Onteniente, incansable e imaginativo, con quien el ecologismo murciano siempre estará en deuda.
Fue un periodo de colaboraciones con el Grupo Ecologista de la Región Murciana (GERM) que se había creado hacia 1978 y en el que se encontraban nombres como los de Miguel Ángel Esteve, Carlos Balibrea, Juana Guirao... relacionados con la Facultad de Biológicas. Se caracterizó este grupo por su dinamismo en la denuncia de las “fechorías” del momento contra el medio ambiente murciano. Su beligerancia con los políticos y los responsables de la Administración en esta materia fue bien conocida en los medios de comunicación. Posteriormente, derivó en la Garba Ecologista, Aedenat y hoy Ecologistas en Acción.
Cuando Los Linces fueron creciendo en edad, pasaron a engrosar las filas de ANSE; en 1984 se efectuó la fusión de ambas asociaciones y Los Linces pasaron a constituir la sección de ANSE-Murcia. ANSE, con Joaquín P. Sánchez como Secretario de esta segunda etapa, centró ya su trabajo en la Región de Murcia y fue un periodo de reactivación de tareas con Vicesecretarías especializadas en Protección, Investigación, Divulgación, etc. La revista Testudo recobró vitalidad. ANSE formó parte de la Coordinadora para la Defensa de las Aves-CODA, desarrolló campañas de anillamiento científico de aves en coordinación con la SEO, contó con una sede social alquilada primero en la carretera de Alcantarilla y, luego, en la Plaza de Camachos,
y siguió promoviendo múltiples campañas de defensa de los espacios naturales y el medio ambiente en la Región de Murcia.
Otros grupos han ido apareciendo poco a poco en Murcia capital y en las diferentes localidades de la Región para defender los espacios en peligro que conocían más de cerca: Ecologistas en Acción, ANIDA, Caralluma, ADESGA, etc. ANSE, como ya mencioné, se ha convertido en los últimos años, quizá, en el grupo naturalista y ecologista más respetado y consistente de la Región de Murcia a través de sus diversas agrupaciones locales y bajo la dirección del cartagenero Pedro García, audaz y competente como pocos. Los grupos ecologistas merecen nuestro apoyo activo porque actúan en nuestras sociedades como la conciencia que nos recuerda que lo que hagamos con nuestro planeta, repercutirá en nosotros antes o después. Creo, en fin, que no debían caer en el olvido algunos apuntes de los difíciles comienzos del movimiento ecologista en la Región de Murcia y los nombres de algunos de sus generosos protagonistas.
Consulta la página www.asociacionanse.org
Artículo publicado en la revista Ecos del Miravete nº 7, del IES Monte Miravete, Torreagüera (Murcia), junio 2007, pp. 29-31. ISSN 1577-9254.




