PRESENTACIÓN DEL RECITAL "LAS HORAS LARGAS" DE ANTONIO LORENTE
Los escritos de Antonio Lorente son auténticos, son poesía “vivencial”, poesía de la experiencia vivida, desprovista de sensaciones etéreas, porque, además, es intensa y fundamentalmente pasional; hay en ella entusiasmo por lo que se dice y por cómo se dice: la forma expresiva trasluce la intensidad con que apasionadamente se vive la experiencia transmitida. Frecuentes acumulaciones de términos, imágenes visionarias, anáforas intensificadoras, paralelismos sintácticos, juegos de palabras, metáforas y comparaciones de enorme fuerza expresiva, se extienden por sus versos para hablar, fundamentalmente, de la relación amorosa --esa selvática complejidad--, y en la que acaban por imbricarse otros muchos temas como la amistad, los sueños, el tiempo, el recuerdo, la soledad, las dudas, la muerte... ¿Poesía solemne? Comprobaremos en seguida que en el poema a menudo queda un rictus que parece relativizar todo acto, todo gesto. “Escribo como una especie de testamento de lo ido. Escribo para recuperar el gesto, aunque el gesto del poeta se finge a sí mismo”, dice Antonio Lorente, que sabe de las limitaciones de la palabra.
El recital que sigue, según aparece en el Programa que se ha distribuido, lleva el significativo título de “Las horas largas” y comienza con una selección de poemas del libro Como limón seco de Antonio Lorente y José Hurtado, publicado en 1992. Poemas que no llevan la firma de cada uno de sus autores --porque el poema, una vez se escribe ya es “otro”--, y que constituyen una única y potente voz poética que habla de una destrucción en el amor: son poemas que viven en el contraste, en la apasionada unión de luces y sombras a partir de una historia de amor y desamor de unos seres que se aman y que saborean ya, en su amor, la futura traición, las traiciones que inician el “irremediable derrotero hacia el acabamiento”, en palabras del prologuista del libro, Leopoldo Mª Panero. Leerán estos poemas el propio autor --uno de ellos, “El viaje”, de José Hurtado -- y Joaquín Pajarón.
Seguirá un intermedio musical a cargo de Antonio Pomares, que también acompañará con su guitarra la lectura de varios poemas. Yo he descubierto hace muy pocos días la música cálida y subyugante de este amante de la bossa nova en su disco “Delicado”, admirable interpretación enraizada en la mejor música de los Vinicius, Joao Gilberto, etc.
En la segunda parte del recital, conoceremos algunos poemas inéditos de Antonio. Un nuevo tono poético parece advertirse en estos poemas recientes, aunque se reconoce en ellos los mismos ojos, la misma mano. “Soy un hombre que se acaba”, en prosa, es un monólogo acuciante de un hombre sumido en la desesperanza, que intenta huir de su desahucio asiéndose a la mujer, tabla salvadora, como único escape del naufragio personal. Las frases se acumulan ávidas, sin puntuación, cuando el pensamiento se anega de desesperación, de desconcierto, de puertas cerradas... Pero está ella.
Los poemas reunidos bajo el título de “Lírica griega” semejan fragmentos de una historia amorosa, retazos de impresiones vividas en el amor y en la lucha: anotaciones leves, sugeridas presencias, huidizos pensamientos, sensaciones que estremecen, apuntes de vida en los gestos más simples. Las resonancias del mundo clásico, que tan bien quiere el autor, se perciben en estos versos. Versos que contrastan con los del poema “Prohibido” en donde esta palabra, anáfora machacona, clama contra la anulación de la libertad, de la espontaneidad, de la creatividad. Porque --no lo he dicho antes-- nuestro poeta es un auténtico artista y ningún arte le es ajeno: ni el teatro, ni la literatura en voz alta --son constantes las representaciones y los recitales en la que nos “embarca” a alumnos y profesores de su Instituto--, ni el cine --del que habla con avidez --, ni la música --juega y se pelea con el piano-- y alguno más que yo olvide ahora, aparte de la literatura --voraz lector y prodigiosa capacidad de asimilación, que es lo más admirable--.
“Attesa” es un poema de lectura muy fluida; multitud de recursos confluyen en aportar sonoridad apacible a estos versos que constituyen un susurro de contenida desesperación en donde una mirada ayuda, aclara, salva. Se percibe la ausencia, pero el matizado juego de significados en torno a la palabra “espera” la hace vana. Escucharemos, también, en la voz de Claudia Buonaiuto la traducción-traición del poema al italiano que Antonio, Teresa Pastor y ella misma perpetraron; porque a nadie que conozca a Antonio le sorprende su natural y pertinaz afición a las lengu
as, en pos de “la translación del sentido”; a sabiendas del “engaño de los sentidos”.
En “Inventario”, un estilo nominal yuxtapone conceptos que simulan un partida de ajedrez en la que simboliza la vida --moderna alegoría-- a través de afectos, objetos, música, ruidos, amigos, hábitos... que desembocan sin más, sin remedio, en el jaque y el mate presentido desde el principio del poema: “el temor sin rostro”. Igualmente original resulta el poema “Verbos copulativos”, donde el juego con “ser, estar, parecer, quedarse” quiere definir el recuerdo vivo de un pasado agridulce. Al fin, estos verbos que suelen servir de unión entre otras palabras, acaban reuniéndose en la última estrofa para dibujar un paisaje desolado de una presencia perdida y una soledad añorante.
En similar tema abundan poemas como “Simplemente”, insistente estribillo que recuerda el final de una pasión amorosa, o “Rosa y mar”, desnudo vaivén conceptual sobre el olvido.
Y como Antonio, en estos recitales, gusta de “entrampar” a los amigos, de “atrapar entrampando”, escucharemos también las voces líricas de Juan Luis López Precioso y de Juan Reyes Clemente; para quitar voz, para dar voz. Y así ocurre en el juego de contrapunto que protagonizan unos textos breves que Antonio Lorente recoge bajo el título de “Cuaderno de viaje”, porque fueron escritos literalmente durante un viaje a Italia, que no en un viaje a Italia, porque los escribió en las largas horas de monótono viaje en autobús hacia ese país y no en sus ciudades y hoteles. Son una serie de “discurrimientos” (del latín “discurrere”, correr acá y acullá, tratar de unas cosas y otras), unas reflexiones donde se aplica la inteligencia o la observación, y que han encontrado el contrapunto sutil, irónico, por momentos impertinente, en las contestaciones –ingeniosos retruécanos y juegos de palabras-- que escribió Ernesto Corrales a modo de réplica.
Para finalizar este recital, el poema “Blues”, del libro Como limón seco, transformado luego en una pasional ranchera llena de despecho, “No por mis besos”, que oiremos en voz desgarrada de Joaquín Pajarón.
Apreciaréis, en fin, una escritura de aliento muy personal, de expresión sustanciosa, abigarrada de sugerencias, abocada a las sombras y a las luces que confieren relieve a la vida, atenta a los gestos que construyen, que son la vida de la que disfruta, apasionadamente, sin límites, este poeta, este amigo.
Mariano Moreno Requena. Biblioteca Regional, Murcia, marzo de 1999.


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